martes, 31 de enero de 2012

Causas de los accidentes de tráfico


Suele decirse que son cuatro orígenes o factores los que podrían desencadenar los siniestros de tráfico:
-  El factor humano.
-  El factor vía, relacionado con las posibles malas condiciones de la vía por la que se transita (asfaltado defectuoso, estrechez, excesivas curvas con reducida visibilidad, defectuosa señalización, etc.), pudiendo determinarse la responsabilidad civil del Estado por los daños sufridos por los ocupantes de los vehículos implicados.
- El factor vehículo, relativo a los propios fallos mecánicos que podría presentar el automóvil, como pudieran ser en su sistema de frenado o en la dirección.
-  El factor clima, puesto que también las condiciones adversas de lluvia, nieve o niebla intensa podrían dar lugar a incidentes en carretera.
Siempre que ocurre una colisión de tráfico es por alguno de estos cuatro factores, si bien es el primero de ellos el que se presenta con mayor incidencia, señalando las estadísticas que se encuentra, directa o indirectamente, detrás de entre el 70 y el 90% de los accidentes.
Es en éste en el que nos vamos a centrar a continuación, describiendo los principales fallos en la conducción que podrían determinar los accidentes. A fin de cuentas, al tratarse de un elemento relacionado con el propio conductor, sería posible evitar su ocurrencia con la debida precaución, siguiendo debidamente la Normativa de Tráfico.
Los errores humanos que podrían dar lugar a accidentes de tráfico
1. La falta de experiencia del conductor. Por lo general, los conductores noveles exhiben mayor inseguridad y cometen más fallos que aquellos otros con experiencia al volante, pudiendo resultar algunas de sus actuaciones muy peligrosas para el resto de los usuarios de la vía.
2. La conducción bajo los efectos de alcohol u otras sustancias. Se estima que el alcohol y las drogas se encuentran detrás, aproximadamente, de un 50% de los fallecimientos en carretera. Y es que éste tipo de componentes fomentan la somnolencia, el exceso de confianza, la agresividad y la temeridad en la conducción; quedando en todos los casos aumentado el tiempo de reacción del conductor ante posibles imprevistos.
3. Las distracciones y el cansancio. De ahí que se aconseje una parada para descansar por cada dos horas de conducción, y en el caso de gran fatiga, el paro en áreas de reposo para evitar que el conductor pudiera quedar dormido al volante.
4. La impaciencia y las excesivas prisas, que en muchos casos fomentan actitudes temerarias al volante.
Como puedes ver, está en tu mano reducir la sucesión de accidentes de circulación. Con la debida precaución podría ser posible que éstos, en buena medida, fueran cosa del pasado.

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